domingo, 6 de marzo de 2016

Salto del Gitano, Monfragüe


En una visita rápida a Monfragüe, tuve la suerte de que las nubes me dieron tregua y pude ver el salto del gitano soleado. Me acordé de mi gran amigo Pantaleón y su amor incondicional por Monfragüe, y de su afirmación de que el roquero solitario del Salto del Gitano era amigo suyo y siempre le esperaba en la misma roca. 

Buitre leonado (Gyps fulvus) en Monfragüe

Pero cuando rodeé el peñasco en parte huyendo de las ruidosas familias que espantaban a los buitres con sus regañinas, en parte en busca del amigo azul de Panta, lo que me encontré fue algo muy diferente. Entre las piedras vi escabullirse un poblado rabo marrón, así que me quedé muy quieta, enfoqué la cámara y me preparé para capturar a la preciosa garduña que segundos después se asomó. 





Fueron unos minutos deliciosos, observando a este pequeño mustélido de babero blanco (a diferencia de su prima la marta, que lo tiene de color vainilla) rebuscando a su aire entre las rocas, con su naricilla inquieta al aire. Cada vez que yo apretaba el disparador de la cámara levantaba una oreja, pero parecía realmente acostumbrada a ello.



Poco después las nubes se hicieron presentes, pero el parque tenía una luz increíble, casi irreal. Las hojas nuevas de los fresnos brillaban con el sol que se filtraba, y los roquedos parecían sacados de una película de fantasía.


Con esta imagen tan fascinante me despedí del parque hasta la semana que viene. ¡Voy a la FIO!

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